No sé ni cómo me conseguí abstraer durante todo el embarazo del miedo al parto. No es ninguna chulería. Nunca me preocupé, ni pensé en él demasiado, ni le temí…adopté la sana actitud “cuando llegué ya veremos”. Escuchaba tantas y tantas experiencias diferentes en las demás, la mayoría horrorosas de escuchar, que decidí que ya viviría yo mi propia experiencia. También me tranquilizaba pensar que al final, el niño sale y la madre sigue viva…y que somos muchos aquí en el mundo para que el trance fuera tan…horrible. No había más que ver y hojear las revistas de supermamis para intuir..que tenía que ser una experiencia maravillosa, aunque hubiera dolor..y, sobre todo, esa gran recompensa final.
El momento llegó por adelantado… estabas perdiendo líquido y no sé qué más… total que ingresamos en el hospital para provocar tu salida. Me parecía muy raro que ya iba a volver a casa contigo en brazos.
Estuvimos dos días intentando provocar tu salida con algo que llaman “propex”, una especie de tira larga que va ablandando el cuello del útero. Cada 4-5 horas nos ponían en las correas…las contracciones eran mínimas….Fueron dos días tranquilos, donde lo peor era ver al resto de parturientas dando vueltas por los pasillos, con sus camisones blancos y sus caras de “no puedo más”…parecíamos fantasmas deambulando. La de enfrente, lo pasó realmente mal..eso me hacía acojonarme. Veías lo que te esperaba a ti..y francamente, no animaba nada.
Tras dos días, llegó el tercero. Ese tenías que salir sí o sí. Ya me llevaban directamente al paritorio y a oxitocina limpia!!! No pegué ojo. Tu tita Glo pasó la noche conmigo. Varias veces le pedí que se acostara conmigo, no podía controlar mi ansiedad. Su humor negro me hizo despreocuparme y casi pensar, que no pasaba nada del otro mundo. Me duché y le pregunté al celador si podía llevar un libro al paritorio. Me miró sorprendido…jejej… “¿dónde se creerá esta que va?”. Me lo llevé. Y tu papi me trajo una Nintendo que me vino genial para distraerme de las contracciones.
El paritorio era espectacular, con unas vistas estupendas a la Plaza de Toros. La cama más cómoda que jamás he probado. La matrona un encanto. Y de fondo un cartel que decía algo así como “vas a traer una nueva vida”, y francamente, me animó en muchas ocasiones. No era consciente. Sólo pensaba en pasar el trance del parto, en cómo afrontar el dolor…no veía que detrás de aquello nacerías tú. No estaba preocupada por ti, sino por mí. Los demás velaban por tu bienestar…el mío quedó relegado. Empezaron las contracciones y el desfile de personas por la habitación. Diez horas de matronas, ginecólogos, auxiliares… todo el mundo echando un vistazo. Diez horas de espera entre contracciones, secreciones de todo tipo, aparatejos, bolsas inyectadas por el suero…Aguanté lo que pude y me pusieron la epidural. En esos momentos el anestesista fue lo más parecido a Dios. Cuando me inyectaron la epidural, me sostuvieron entre varias porque el dolor de la contracción me hacía moverme y debía estar muy quieta para el pinchazo. Me sentí perdiendo la dignidad…dolorida, espatarrada, soltando de todo por los bajos…pinchándome en la espalda cual toro con banderillas…sostenida como si tuviera una camisa de fuerza…ayyyy qué bonito el parto.
Estuvimos dos días intentando provocar tu salida con algo que llaman “propex”, una especie de tira larga que va ablandando el cuello del útero. Cada 4-5 horas nos ponían en las correas…las contracciones eran mínimas….Fueron dos días tranquilos, donde lo peor era ver al resto de parturientas dando vueltas por los pasillos, con sus camisones blancos y sus caras de “no puedo más”…parecíamos fantasmas deambulando. La de enfrente, lo pasó realmente mal..eso me hacía acojonarme. Veías lo que te esperaba a ti..y francamente, no animaba nada.
Tras dos días, llegó el tercero. Ese tenías que salir sí o sí. Ya me llevaban directamente al paritorio y a oxitocina limpia!!! No pegué ojo. Tu tita Glo pasó la noche conmigo. Varias veces le pedí que se acostara conmigo, no podía controlar mi ansiedad. Su humor negro me hizo despreocuparme y casi pensar, que no pasaba nada del otro mundo. Me duché y le pregunté al celador si podía llevar un libro al paritorio. Me miró sorprendido…jejej… “¿dónde se creerá esta que va?”. Me lo llevé. Y tu papi me trajo una Nintendo que me vino genial para distraerme de las contracciones.
El paritorio era espectacular, con unas vistas estupendas a la Plaza de Toros. La cama más cómoda que jamás he probado. La matrona un encanto. Y de fondo un cartel que decía algo así como “vas a traer una nueva vida”, y francamente, me animó en muchas ocasiones. No era consciente. Sólo pensaba en pasar el trance del parto, en cómo afrontar el dolor…no veía que detrás de aquello nacerías tú. No estaba preocupada por ti, sino por mí. Los demás velaban por tu bienestar…el mío quedó relegado. Empezaron las contracciones y el desfile de personas por la habitación. Diez horas de matronas, ginecólogos, auxiliares… todo el mundo echando un vistazo. Diez horas de espera entre contracciones, secreciones de todo tipo, aparatejos, bolsas inyectadas por el suero…Aguanté lo que pude y me pusieron la epidural. En esos momentos el anestesista fue lo más parecido a Dios. Cuando me inyectaron la epidural, me sostuvieron entre varias porque el dolor de la contracción me hacía moverme y debía estar muy quieta para el pinchazo. Me sentí perdiendo la dignidad…dolorida, espatarrada, soltando de todo por los bajos…pinchándome en la espalda cual toro con banderillas…sostenida como si tuviera una camisa de fuerza…ayyyy qué bonito el parto.
¿Y papá? Sereno y jugando a la Nintendo. Si, si..me acompañó en todo momento. Su figura fue fundamental para seguir creyendo, pese al dolor, que todo era normal e iba bien. Cuántas veces me alegré de que eras varón, hijo. Luego llegó la anestesia y con ella la paz. La otra cara del parto. Llegó la relajación, el buen humor, las charlas con la matrona y las auxiliares, el bromeo y …el disfrute de sentir que tú estabas a punto de aparecer…Me dijeron en uno de los tactos que traías pelo…jijiji…eso me acercaba a tu personilla…Aún tardaste un poco más, empezaste a hartarte del meneo y el “sufrimiento fetal” nos llevó a una nueva experiencia. El quirófano. Después de tres días y uno de parto, acabaríamos en cesárea. Dejamos a tu papi atrás…fue un momento de emoción contenida. Me daba pena verte salir la primera, sin él. Nos miramos y sentimos tu presencia, ya tan inminente. En menos de 5 minutos supe lo que era ser sondada, afeitada, reanestesiada y puesta en la camilla del quirófano. Estaban unas 15 personas, tú y yo. El anestesista me cuidó…y en 5 minutos, con algunas sacudidas y dolores agudos de zonas que no estaban muy anestesiadas…apareciste en lo alto, moreno, brillante y precioso. Tranquilo… como si nada. Como si la cosa no fuera contigo. Apenas pude girarme para verte. Las auxiliares te colocaron un gorrito y te acercaron lo que pudieron para poder verte y darte tu primer beso. Mmmmmm….tan suave y calentito…sobre tu naricilla chatita y esos ojos ya tan abiertos. Me pareciste muy guapo. Pero te vi muy poquito.
Desde ese momento…y hasta que volví a reunirme contigo, pasaron dos largas horas en la sala de post-operatorio. Dos horas en las que estaba deseando verte, estar contigo, explorarte….Me imaginaba la escena de cuando te vieran por primera vez tu papá, los abuelos, los titos…me daba rabia estar perdiéndome eso. Me entró una gran felicidad…ya había acabado todo, estabas aquí, sano, guapo…y ahora por delante quedaban días de alegría y felicidad. Se me antojaba hacer de todo contigo: darte de comer, vestirte, cambiarte el pañal…Todo lo que imaginaba me hacía una gran ilusión. Lloré sola de emoción. Ya habías nacido. No me importó compartir tus dos primeras horas de vida con otros enfermos que se quejaban de dolor o vomitaban la anestesia. La vuelta a la habitación, en camilla fue el viaje más ilusionante que he hecho jamás en la vida. ¡¡ Sorpresa!! Me encontré sola en la habitación. ¿Dónde estaban todos? Pues adorándote…la mamá ya no era la protagonista. En unos minutos llegasteis todos. No pude dejar de contemplarte toda la noche, pese a mi reducida movilidad por los puntos. Tu papá y yo estuvimos más de 48 horas sonriendo sin parar….
Mis grandes preguntas eran ¿cómo ha sobrevivido la especie? ¿Por qué hay que sufrir tanto para traer a un niño al mundo? ¿Cómo lo conseguían las madres de antes sin anestesia? Ya era partícipe del gran secreto de las mujeres que han parido: el parto duele de cojones. Y eso de…”se me cayó en el taxi” ...debe ser un mito.
Desde ese momento…y hasta que volví a reunirme contigo, pasaron dos largas horas en la sala de post-operatorio. Dos horas en las que estaba deseando verte, estar contigo, explorarte….Me imaginaba la escena de cuando te vieran por primera vez tu papá, los abuelos, los titos…me daba rabia estar perdiéndome eso. Me entró una gran felicidad…ya había acabado todo, estabas aquí, sano, guapo…y ahora por delante quedaban días de alegría y felicidad. Se me antojaba hacer de todo contigo: darte de comer, vestirte, cambiarte el pañal…Todo lo que imaginaba me hacía una gran ilusión. Lloré sola de emoción. Ya habías nacido. No me importó compartir tus dos primeras horas de vida con otros enfermos que se quejaban de dolor o vomitaban la anestesia. La vuelta a la habitación, en camilla fue el viaje más ilusionante que he hecho jamás en la vida. ¡¡ Sorpresa!! Me encontré sola en la habitación. ¿Dónde estaban todos? Pues adorándote…la mamá ya no era la protagonista. En unos minutos llegasteis todos. No pude dejar de contemplarte toda la noche, pese a mi reducida movilidad por los puntos. Tu papá y yo estuvimos más de 48 horas sonriendo sin parar….
Mis grandes preguntas eran ¿cómo ha sobrevivido la especie? ¿Por qué hay que sufrir tanto para traer a un niño al mundo? ¿Cómo lo conseguían las madres de antes sin anestesia? Ya era partícipe del gran secreto de las mujeres que han parido: el parto duele de cojones. Y eso de…”se me cayó en el taxi” ...debe ser un mito.
1 comentario:
Momento parto, madre mía, cuantas sensaciones.
Un día, estando yo de seis meses y medio de embarazo, me levante con dolor de riñones, por lo que decidí ir a urgencias más que nada para que me revisaran, sin darle la mayor importancia. Mi sorpresa fue mayúscula cuando la doctora me dijo: estas de parto! No me lo podía creer, había dilatado 3 cm y sin apenas enterarme. Pero no era el momento aun no, mis pequeños no estaban formados, no tenían el peso adecuado y sus pequeños pulmones aun eran inmaduros, no, no me repetía una y otra vez estaba aterrada. Inmediatamente, me ingresaron y me pusieron un medicamento llamado “Tractocile” mi fiel amigo durante toda mi estancia en el hospital.
De repente, de llevar una apacible vida de embarazada, todo se desmorona, y llegan todos los miedos, sobre todo por mis pequeños. Estuve ingresada 2 semanas, en las cuales entré en una rutina diaria de medicaciones, pruebas, comida, cena, desayuno, todo cronometrado. El momento mas esperado del día era cuando escuchaba los latidos de su corazón, bum bum bum, que alucinante, tenia dos pequeños en mi barriga! Conocí a un montón de chicas, todas ellas parturientas, la mayoría muertas de miedo por lo que les venia, las noches eran horrorosas puesto que los gritos de dolor por la dilatación eran constantes. Era un ir y venir de mujeres a punto de parir, y yo ahí, todo lo contrario, intentando por todos los medios, que mis niños no salieran todavía.
Un día, me desperté con un dolor terrible en el brazo donde tenía la vía puesta ¡hola flebitis! Nunca he tenido un dolor tan grande coñe! Ese dolor fue en aumento para terminar con una fiebre de 38 y medio, lo que provocó una serie de contracciones brutales y una taquicardia a los bebes. Rápidamente me llevaron al paritorio, intente, llamar a Víctor, lo logré y solo pude decirle ¡me llevan al quirófano, VEN! A partir de ahí, todo sucedió súper rápido, sin darme cuenta estaba completamente dilatada, sin haberme enterado, por lo que me llevaron a quirófano y de ahí epidural, hablar con la enfermera y en nada, ya habían nacido mis pequeños, pero no los pude ver se los llevaron rápidamente. De ahí a reanimación, y luego a la habitación, un poco colocada y atontada, pero feliz porque todo había salido bien.
Al día siguiente, Víctor me monto en una silla de ruedas, y me llevó a la planta de patológicos, a ver a los bebes. No sentí nada cuando los vi, no había tenido ese maravilloso momento-vinculo cuando te entregan a tu hijo nada mas nacer, a los míos se los llevaron a la incubadora. Lloraba y lloraba, ya que no sentía nada por esas dos pequeñas cositas de color rosa. Al día siguiente fui a verlos de nuevo y una enfermera llena de humanidad, me puso a uno de mis pequeños en el pecho. Que sensación! Nunca antes, había tenido algo tan íntimo ni tan precioso. No podía dejar de llorar diciendo todo el rato: te quiero tanto, mi niño te quiero tanto.. Ahí encontramos nuestro vínculo, ellos conocieron a mamá y a papá.
Lo siguiente, fue todo el tiempo que estuvieron ingresados, pero eso lo dejo para la próxima, Chuli, te toca! Muuuuaac
Publicar un comentario